Hay una pregunta que vuelve cada vez que empieza el ciclo presupuestal: ¿cuánto subirán los costos de transporte?
La respuesta rápida suele ser una cifra. 7%, 8%, 10%. El problema es que una cifra promedio no conoce la red de una empresa. No sabe cuántos kilómetros recorre, qué configuración vehicular usa, cuánto pesa el ACPM, cuántos peajes cruza ni qué tanto se diluye el costo fijo en cada viaje.
La pregunta no es qué porcentaje poner en el presupuesto. La pregunta es en qué corredores, con qué vehículo y por qué palanca cambia el presupuesto.
Le hicimos esa pregunta a una muestra de 20 rutas clave de Colombia: cinco por cada franja de distancia, priorizadas por viajes reportados en RNDC entre enero y junio de 2026. Corrimos cuatro configuraciones vehiculares —2, 3, 2S2 y 3S3— con el valor SICETAC vigente al 15 de julio y ocho horas logísticas tanto en la base como en la simulación.
Explora las 20 rutas simuladas, las cuatro configuraciones y los escenarios de cambio en el reporte interactivo: https://atiemppo.com/reportes/sensibilidad-presupuesto-sicetac/
El resultado son 80 simulaciones. No es un índice nacional ni una tarifa comercial. Es una forma de entender cómo cambia la exposición cuando se mueve cada parte del modelo.
La muestra en una línea
Con ACPM +$1.000, el escenario combinado se mueve alrededor de +8%. Con ACPM +$2.000, las rutas largas se acercan a +10,5%. Pero el motor del cambio no es el mismo en toda la red.

Franja 1: 0–50 km — el costo estructural manda
En las rutas cortas, el aumento de salario, otros costos fijos, costo variable y peajes explica cerca de +7,2% del valor H8 en la muestra. Un ACPM +$1.000 suma cerca de +0,7%. El escenario combinado llega a +8,3%; con ACPM +$2.000, a +9,0%.
Esto importa porque en una red repetitiva un impacto unitario relativamente pequeño se multiplica por frecuencia. Una ruta corta no necesita ser costosa por viaje para convertirse en importante para el presupuesto mensual.
La ruta que mejor representa esta franja en la muestra es Funza–Bogotá: 20 km y 141.835 viajes entre enero y junio. No es una recomendación comercial sobre ese corredor. Es una señal de cómo la alta recurrencia vuelve visible el costo fijo.
Franja 2: 50–100 km — empieza el equilibrio
Entre 50 y 100 km, el costo estructural todavía pesa, pero el combustible ya comienza a cambiar la conversación. El escenario combinado con ACPM +$1.000 se ubica en +8,1% y con ACPM +$2.000 en +9,3%.
Aquí el presupuesto ya no puede tratar el combustible como una nota al pie. La empresa necesita identificar cuánto de su red está en esta franja y con qué tipo de vehículo la atiende.
Tocancipá–Bogotá, con 50 km y 32.201 viajes en el corte, funciona como tarjeta ilustrativa: un corredor cercano no es inmune al ACPM, pero tampoco se explica solo por ACPM.
Franja 3: 100–200 km — el combustible toma más espacio
En los trayectos intermedios el escenario combinado con ACPM +$1.000 mantiene un efecto cercano a +8,2%, pero con ACPM +$2.000 aumenta a +9,9%.
No es casualidad. A más kilómetros, más galones, más exposición al costo variable y, en algunos casos, más peajes. El valor total no depende únicamente de la distancia; depende de la composición del corredor y de la configuración. Pero la sensibilidad al combustible ya no puede esconderse detrás de una inflación general.
Barranquilla–Cartagena, con 140 km y 35.470 viajes, es la ruta representativa de esta franja para la presentación. La lectura correcta no es “esta ruta sube tanto”, sino “así cambia la mezcla de riesgos en una ruta de esta distancia”.
Franja 4: 200 km o más — el ACPM pasa al frente
En los recorridos de 200 km o más, el ajuste estructural todavía importa —alrededor de +5,5% en la muestra—, pero el ACPM +$1.000 ya aporta cerca de +2,4%. El escenario combinado llega a +8,1%; con ACPM +$2.000 sube a +10,5%.
Ese cambio es el mensaje de fondo: las rutas largas no necesariamente tienen un impacto combinado mayor bajo todos los escenarios, pero sí se vuelven más vulnerables a un combustible más caro. Peajes y costo variable por kilómetro también ganan participación.
Buenaventura–Bogotá, con 488 km y 43.291 viajes, es la tarjeta natural para mostrarlo. No porque resuma toda la red nacional, sino porque obliga a ver el presupuesto como una combinación de componentes, no como una sola tasa.

Lo que una cifra única esconde
En la simulación, una hora operativa menos agrega entre +0,2% y +0,4% por viaje. El efecto es real, pero no tiene el mismo tamaño que el ajuste estructural o el combustible. Los peajes también cambian según la ruta y la categoría vehicular; en algunos corredores son cero y en otros se vuelven una parte relevante de la variación.
Por eso un presupuesto serio debe separar, al menos, cinco preguntas:
1. ¿Qué rutas tengo y cuántos viajes concentran?
2. ¿Qué configuración vehicular corresponde a cada corredor?
3. ¿Cuánto del impacto viene de costo fijo, variable, ACPM y peajes?
4. ¿Qué escenario quiere presupuestar la empresa: base, tensión o estrés?
5. ¿Cuál es el impacto por viaje y cuál es el impacto anual sobre su propia red?
No es solo calcular el costo. Es poder explicar por qué cambió y dónde actuar primero.
De la hoja de cálculo a una sesión de trabajo
La siguiente capa no debería ser otra plantilla que alguien llena, guarda y deja de actualizar. Debería ser una sesión de trabajo con la red de la empresa sobre la mesa.

Esa es la idea detrás de Bruno: un agente que conversa con el analista y el cliente. Se carga la base de rutas de forma privada; Bruno perfila columnas, detecta los datos que faltan, valida municipios y configuraciones, propone escenarios y entrega una salida trazable con valor vigente, valor esperado, impacto y supuestos.
Bruno no reemplaza el modelo ni inventa una tarifa. Su trabajo es hacer utilizable el modelo: preguntar, ordenar la información, ejecutar la simulación determinística y ayudar a interpretar los resultados.
La conversación podría empezar así:
“Esta es nuestra red. ¿Qué rutas explican la mayor exposición si el ACPM aumenta $2.000 y el costo fijo se ajusta por salario y demás componentes?”
Y debería terminar con una respuesta verificable, no con una opinión: rutas afectadas, configuraciones, valor actual, valor simulado, componente que explica el cambio y supuestos que se pueden revisar.
En síntesis
El presupuesto de transporte no está en un porcentaje promedio. Está en la geometría de cada red: sus distancias, frecuencias, vehículos, galones, peajes y tiempos.
Las cuatro franjas permiten contar la historia sin mostrar una tabla interminable de rutas. Pero el siguiente paso es llevar esa misma disciplina a la red de cada empresa. Ahí una sesión privada con Bruno puede convertir una conversación presupuestal en una decisión trazable.
Explora las 20 rutas simuladas, las cuatro configuraciones y los escenarios de cambio en el reporte interactivo: https://atiemppo.com/reportes/sensibilidad-presupuesto-sicetac/
Si te interesa hacerlo, escribenos a [email protected] o a [email protected]
Fuentes y notas tecnicas
RNDC: viajes reportados, enero–junio de 2026. SICETAC: corte 15 de julio de 2026. Escenarios con ocho horas logísticas, cuatro configuraciones vehiculares y una muestra de 20 rutas priorizadas por viajes. Los resultados son modelados y no equivalen a una tarifa comercial.

